MIGRANTES EN EUROPA
El tema de las migraciones resulta complicado de tratar en épocas de crisis y elevadas tasas de desempleo. Tiene mala prensa, ya sea porque los inmigrantes se convierten en los chivos expiatorios de todos los problemas, porque las políticas migratorias europeas no siempre han funcionado todo lo bien que deberían o, sencillamente, porque es difícil que las buenas noticias tengan espacio hoy en día en los medios de comunicación.
No obstante, es innegable que la migración puede ayudar a que las sociedades sean más diversas, enriqueciéndolas y dándoles un nuevo ímpetu. Los inmigrantes aportan dinamismo económico, espíritu emprendedor, nuevas ideas y, además, generan empleo.
Contrariamente a lo que muchos creen, los inmigrantes legales no se quedan con los puestos de trabajo de los trabajadores del país y no provocan que bajen los salarios. A pesar de la elevada tasa de desempleo que sufren los países de la UE, los inmigrantes ayudan a cubrir la falta de mano de obra y de personal cualificado que cada vez es más visible en ciertos sectores de la economía.
En la Europa actual, en la que la población en edad de trabajar está disminuyendo, los inmigrantes también contribuyen a hacer frente a estos retos demográficos.
Los inmigrantes, que proporcionan una mano de obra y unas cualificaciones que no son fáciles de encontrar en Europa, que trabajan, ganan y gastan dinero, y pagan impuestos, que crean empresas y generan puestos de trabajo, y que utilizan servicios y compran productos que ofrecen otros actores económicos, contribuyen a que la sociedad europea avance.